viernes, 22 de febrero de 2013

Una Carta de Desamor


-¿Cómo se llama?

- Rebeca

-¿Signo?

- Virgo

-¿Motivo?

- Me sacó la vuelta, dijo Raúl, bajando la cabeza.

En ese momento pude ver como los ojos se le pusieron rojos y una lágrima se esforzaba por brotar, pero para darle la contra a su glándula lagrimal respiró hondo, luego exhaló lento y ajustado, por reacción emitió un sonido como alguien que empuja un objeto bastante pesado, pero para él, y bueno yo también lo percibí, era su pena la cual volvía a su alma.

- Nunca pensé en decirlo, pero es una puta.

- No te preocupes, después de esta carta sabrá quién eres.

- ¿Cuánto te debo?, dijo el desafortunado.

- Te diría que me pagues el equivalente a tu despecho, pero eso sería abusar de tu situación, así que dame lo que tú creas adecuado, le dije esto con una sonrisa

- Toma diez soles, pero ¿no quieres que te cuente algo más de ella?, algún detalle, como era su pelo, su sonrisa, ¿algo?

- No, créeme que yo sé lo que hago, no te preocupes tu carta estará terminada para mañana. Levanté mi mano y le toqué el hombro, como para darle un pésame y las gracias por el José Quiñones.

- Confiaré en ti amigo.

Hay tantos desafortunados en el amor, tantas almas que han sido atravesadas con el ponzoñoso sable de la traición, personas que dejan a otras ilusionadas tras un beso mentiroso o un te quiero falaz, para luego irse con el mismo cuento, a visitar otros corazones, dejando a los accidentados con un vacío en la cavidad torácica. El amor es tan amplio e infinito como la memoria borrada un enfermo de alzheimer, que lleva a varios lados, pero mi lado preferido es el dolor. Yo escribo cartas para esas personas, a las que han sufrido el ataque, a las que el amor no les fue favorable, a los clientes engañados del cupido.
En mí no tan común oficio he escuchado de todo, vivos a los que se les volteo la tortilla, robos de sentimientos, posibles suicidios y la facilidad de insultar a alguien poniéndolo en la clasificación de caninos después de haberle dicho las cosas más hermosas que su boca pudo pronunciar.

Divisé a Raúl sentado afuera de la cafetería, tenía un cigarro en la oreja, que llegando pensé pedírselo.

-Y Raúl ¿Cómo sigues?

- Ahí, más o menos, me enteré de algo Jorge, me lo dijo llevándose el cigarro a la boca y matando mis ilusiones de fumármelo.

- ¿De qué?

- Algo de ti, me contestó mientras me señalaba con ese falo cancerígeno.

- ¿Qué cosa?, no te entiendo.

- Ayer supe en la noche, que tú…

Sonó mi celular

- Discúlpame un rato, ¿Aló amor?, Si yo voy a tu casa después de clases, si yo lo llevo, chau te amo.

Jorge me miró fijamente a los ojos y me dijo.

- Oye reconcha tu madre eso es lo que te quería decir.

- ¿Qué cosa?

- Tienes enamorada hijo de puta.

- Sí, ¿y?

- ¿Cómo qué y?, ¿cómo piensas escribir una carta de desamor si estás enamorado?, imbécil, trae para acá la carta estúpido.

Raúl sacó su encendedor y la quemó, luego se paró de la silla intempestivamente y me miró como perdóname la vida. Me dejó con un montón de cenizas y una deuda de diez soles por el café que no pagó.

Llegué a esa misma esquina que por dos años he estado visitando día tras día, me toqué los bolsillos para ver si no faltaba nada al bajar del micro, avancé por la cuadra que conduce a su casa, hice mi camino a través de su pequeño jardín, apreté su timbre y a los dos minutos salió con una sonrisa impecable y se lanzó entre mis brazos. En mi cabeza recordé la primera vez que lo hizo cuando fui a su hogar, un diez de enero, un día muy soleado por cierto.

Me cogió de la mano y avancé en su recinto tan sagrado y amplio como castillo de princesa. Me preguntó como estaba, le dije que bien y le conté sobre el percance que tuve con Raúl antes de venir a su casa. Y ella se molestó un poco, porque no le gusta que escriba ese tipo de cartas.

Agachó la cabeza para demostrarme su disconformidad, pero yo muy bien sabía que era esa manía que ella había adoptado con los años, para robarle un ósculo. Me precipité con pasión a sus labios, la besé con esa calidez y método que ella me había acostumbrado todo ese tiempo. Esos moldes de musculo, sangre y dulce almíbar embriagador que han embalsamado mi corazón hambriento de amor.

- Como la primera vez, dijo ella.

- Cierto, y espero que siga así, dije con una sonrisa tímida.

- Ya vengo tengo que mostrarte algo, espérame acá.


Se fue corriendo con una sonrisa algo infantil, y por mi experiencia sabía que iba a demorar. Solo me quedé, y hasta ese momento después de dos años, lo más privado que tenía era mi pensamiento. Empecé a idear otros tipos de cartas, esos problemas ajenos, los cuales han sido el sustento para tanta salida y regalo, claro que también ella ha colaborado, me dije para tratar de tapar una mentira a medias. Para inspirarme siempre me ha ayudado analizar un objeto femenino. Divisé su mochila, la abrí y había puro material de su universidad, en está encontré su cartera, y en su interior su lápiz labial.

Lo vi muy atentamente, como quien analiza el último cigarro y pude sentir que estaba húmedo. Pensé que de nuevo dejó la crema abierta, metí mi mano en busca de la susodicha, pero al sacarla vi pegado a mis dedos una envoltura de condón. La necesidad de gritar y no poder decir palabra alguna se me presentó como una pesadilla con los ojos abiertos a media noche. La intranquilidad de mis diez dedos, y la repentina lluvia en las ventanas de mi alma, hicieron que mi boca retumbe de dolor. Dichosos los que no estaban en mi lugar, pues la tortura y la ausencia en mi pecho se hizo sentir como una noticia de muerte por la mañana. Sentí sus pasos que se acercaban, detuve el camino de mis lágrimas con una rápida intervención de mi hombro, respiré y contuve la angustia.

- Mira amor, ¿te acuerdas?, me dijo con una sonrisa mientras sostenía un papel.

En su mano estaba ese billete de lotería, con el cual le dije que me había ganado su corazón, la primera vez que salí con ella, tras esa noche lluviosa, bajo ese bendito puente barranquino.

- ¿Te pasa algo?

- No, simplemente necesito descansar, no me siento bien del estómago, creo que fue ese café que dejó Raúl. Mejor me voy de una vez, también tengo que darte una sorpresa.

- Está bien amor, me preocupas, no me gusta verte así.

Agarró mis manos y me dio un beso tan fuerte y cínico, que pude sentir que la miel se tornaba vinagre y que el amor era un prófugo el cual ya había salido de la ciudad.

- Quiero que sepas...

- Lo sé, le dije callándola, y yo también.

Le di un beso, y me esforcé para que sepa a despedida.

Caminé por las calles con esa neblina limeña, pensando que era la última vez que iba a pasar por esas veredas, llegué al paradero, me toqué los bolsillos para ver si faltaba algo, lo cual ya no me importaba mucho, porque no iba a regresar, paró el micro, subí y me olvidé del camino.

Mi lámpara, mi fiel compañera en esos días de soledad nocturna te pido que alumbres estos últimos versos de dolor para nada ajenos.

El amor es algo bastante efímero, compañera mía. Quizás escondía, me mentía y no quería ver que algún día iba terminar, que todo no es para siempre, maldita mezcla de amor e ilusión, Cupido, yo he sido el mayor timado, el estúpido que nunca quiso darse cuenta del engaño. Pero pensándolo bien he sido el que ha recibido la mejor recompensa, la verdad, de una manera cruel e inesperada, pero la verdad al fin y al cabo.

Detesto tu indiferencia y la forma que agarras el cojín de tu sala solamente para concentrarte en otra cosa, detesto que me mires con esos ojos juzgadores cuando te molestas, cuando callas y dices mil palabras, tus encuentros de humores y los fines de mes. Me siento como un viudo que va al cementerio llevando flores para un amor que nunca existió. Estoy mal, porque ahora que pienso las cosas buenas que tienes, los defectos son mayores. Pero así te amé con el más pequeño sentimiento de mi alma, con el último suspiro por la mañana, con el llorar de un niño sin madre, cuando me dañabas, cuando me tragaba todas mis cosas para estar bien entre los dos, más no en mi interior. Extraño tu sonrisa, tu perfume, tu manera de hablar, como me abrazabas, sentir tu calor, hacer el amor y el sexo, como piensas, tus ideas, tus locuras, que te molestes conmigo, que me hagas llorar, tu música, tus adivinanzas de humor y también que quizás tu nunca sospechaste pero yo lo sabía muy bien, que me mentabas a la madre, que decías te odio en tu cabeza, dudas sobre la relación, sobre mí y sobre otro chico.

Te amé y lo sigo haciendo, pero ya no lo haré más. No espero nada más de ti, no quiero tu sufrimiento, tu llanto, tus palabras, tus besos dulces siendo yo diabético, no quiero tu mirada, tus disculpas y por último pero para nada menos importante, tu sucio amor. Debe ser por eso que odiabas mi trabajo, porque sabias que te iba a escribir una carta al termino de nuestra dichosa relación. Espero que entiendas que hoy te necesito más que a nadie y que a la vez eres la persona que más quiero lejos. Quiero creer que el otro chico te va a tratar bien, que seas feliz y por favor no le hagas lo mismo.

Deseo que sepas que soy un escritor, esta es mi profesión y gracias a ti me he vuelto mejor en esto y le haré caso a Raúl, nunca supe escribir una carta sincera hasta ahora. Quiero que entiendas que esta carta no es una despedida, porqué una despedida involucra un posible reencuentro, esto está escrito con sangre, pena, tu traición y con bastante desamor, esta carta es un nunca jamás.

Sentí que todo mi cariño, espíritu y mi esperanza en el enamoramiento se drenaban por esa tinta color azul y dándole el punto final a la carta, también lo hacía con el amor.

Metí la envoltura del condón en el sobre, me corte un poco el dedo, sellé la carta con sangre y la dejé encima del escritorio, el destino ya está escrito y mañana hará su viaje esperando que por vergüenza y respeto, el remitente nunca reciba una respuesta del destinatario.

3 comentarios:

Sebastian Cristobal dijo...

Es muy bueno bonito cuento... te invito a que eches un vistazo a mi blog
http://elblogdesebass.blogspot.com/

Sebastian Cristobal dijo...

es muy bueno ... te invito a que eches un vistazo a mi blog
http://elblogdesebass.blogspot.com/

soy un observador del universo dijo...

es real? no quieres escribir una carta para mi?